Parece cuento pero no lo es

Por Humberto Belli,
Ex Ministro de Educación y Director de FUNIDES

Ocurrió en Centroamérica. Un padre de familia con quince hijos anhelaba matricularlos en la mejor escuela del pueblo. El problema es que costaba dos mil pesos mensuales y el ganaba seis. Su hijo más fuerte, Félix, insistía en su derecho a estudiar en ella. Tras mucho cavilar, el padre decidió complacerlo. Les explicó entonces a los otros que no podrían seguir los pasos de su hermano, pues cuatro mil pesos entre catorce no ajustaba, y que en vez de tres tiempos de comida ahora tendrían dos.

El país es Nicaragua. Así como el padre del cuento decidió gastar en Félix siete veces más, aunque sus otros hijos pasasen penurias, tras el seis por ciento que Ortega aprobó al despedirse en 1990, Nicaragua comenzó a gastar siete veces más por universitario que por niño de primaria y se convirtió en el país de América Latina con el mayor desbalance presupuestario a favor de la educación terciaria. Aunque el resto de su niñez pasase penurias.

Hoy (2012), siguiendo la tradición, el tesoro nacional asigna a las universidades subsidiadas US$123 millones, el 55.6 por ciento de los 223 asignados al Ministerio de Educación, Mined, (excluyendo fuentes externas), con la diferencia que ellas atienden a 102,000 estudiantes y este a 1,600,000 niños desde preescolar hasta secundaria.

Al igual que el padre de la parábola, el darle al Félix universitario mucho más que a sus hermanos ocurre cuando estos aún no cubren sus necesidades más elementales: son 200,000, el veinte por ciento de nuestros niños, quienes se quedan sin ninguna educación por falta de presupuesto. Son cuarenta, de cada cien, los que no terminan sexto, son 52, de cada cien escuelas, las que no tienen agua potable, y son sus maestros los peor pagados del área.

Los defensores de la actual distribución, como el presidente del CNU Telémaco Talavera y el doctor Carlos Tünnermann, alegan que la solución no es disminuir los subsidios a nadie sino aumentar los fondos al Mined. Suena tan fácil. Como decirle al padre de familia que no le quite un peso a Félix, sino que doble el presupuesto de los otros. Pero si es tan sencillo, ¿por qué no lo obtienen del Ministro de Finanzas o de Ortega?

La repuesta no es porque estos no quieren sino porque no pueden. El presupuesto depende en buena medida del crecimiento económico. Con un crecimiento del cuatro por ciento es difícil obtener fondos para que toda nuestra niñez complete la primaria en un plazo razonable. Basta mirar atrás: Ni el gobierno de Chamorro, Alemán, Bolaños u Ortega, lo han logrado. Y no por falta de ganas.

Sería igualmente ingenuo pretender mejorar el sistema educativo con sólo redistribuir su presupuesto. Paliar las carencias más agudas de la educación requiere tres factores: mayor crecimiento económico —el siete por ciento sostenido que sugiere Funides—, una mejor administración —tanto el Mined como las universidades subsidiadas adolecen de grandes ineficiencias— y una mejor distribución, reorientando parte del esfuerzo universitario hacia el fortalecimiento de secundaria y la enseñanza técnica, y eliminando subsidios innecesarios.

Ejemplo de esto último son los 12 millones de dólares adicionales al seis por ciento que recibe el CNU para sus facturas de servicios básicos. Dicha suma no es constitucional y supera lo que el Mined tiene asignado para reparaciones escolares. Dividido entre 30,000 de sus docentes incrementaría sus salarios en C$$9,100 anuales. No mucho, pero ayuda. Si las universidades aumentaran su recaudación, con aportaciones de los estudiantes que no requieren subsidios, compensarían con creces este monto. Así como esto, mucho más se puede hacer. Es cuestión de buena voluntad y sentido de justicia.

You may also like...

Leave a Reply

Your email address will not be published.