Hacia una Nicaragua más próspera y justa 2da parte

II Y ÚLTIMA PARTE

En mi artículo del 20 de julio recién pasado mencioné que, aunque nuestro crecimiento en los últimos años ha sido relativamente alto, necesitamos crecer más rápidamente para crear más y mejores empleos y responder a las necesidades de la población. También mencioné que la visión de la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social, Funides, es que crezcamos en los próximos años a una tasa promedio anual del 7 por ciento. Esta meta es ambiciosa, pero necesaria y factible.

Ambiciosa: porque crecer en forma sostenida al 7 por ciento es difícil, particularmente cuando hay factores (deficiencias de infraestructura, por ejemplo) que limitan nuestro potencial de crecimiento.

Necesaria: porque los nicaragüenses necesitamos reducir la pobreza más rápidamente y mejorar nuestro nivel de vida. Actualmente nuestro ingreso por habitante (US$1,240) es menos del 30 por ciento del promedio del resto de Centroamérica (US$4,510) y menos de 20 por ciento del resto de América Latina (US$7,390). Puede ser que una revisión de los datos oficiales indique que nuestro ingreso por habitante esté subvaluado en un 10-20 por ciento, pero esto no cambiaría radicalmente nuestra posición relativa con el resto de la región.

Creciendo consecutivamente al 7 por ciento anual por 20 años, lograríamos triplicar nuestro ingreso por habitante a US$3,710, pero, aun así, estaríamos por debajo del promedio actual del resto de Centroamérica; ya no digamos del mayor ingreso por habitante que tendrían nuestros vecinos en ese entonces. Esto no lo menciono para que nos desanimemos, sino más bien para poner en perspectiva los desafíos que enfrentamos como Nación.

Factible: los países asiáticos lo han logrado, y nosotros también lo podemos hacer con políticas que aumenten nuestra inversión por habitante y nuestra productividad, que son las más bajas de la región, y que mejoren la educación y entrenamiento de nuestra mano de obra.

El crecimiento depende de la: 1) disponibilidad y calidad de la mano de obra, 2) dotación de capital (tierras, carreteras, puertos, edificios, energía eléctrica, maquinarias etc.); y 3) productividad (eficiencia) con que usamos estos recursos. Por ejemplo, trabajadores más educados y entrenados y que usan tecnología y equipos más modernos rinden más. Negocios que tienen acceso a energía más barata y a mejores carreteras y puertos para acceder a los mercados son más productivos y compiten mejor con empresas de otros países. Igualmente, países que cuentan con un buen marco institucional (por ejemplo seguridad jurídica y pocas trabas burocráticas) atraen más inversión y son más competitivos, ya que el costo de hacer negocios es menor.

En Funides estimamos que para crecer al 7 por ciento tendríamos que casi duplicar nuestra inversión por habitante, la que tendría que pasar de un promedio anual de US$350 en los últimos seis años a un promedio anual de US$590 en los próximos veinte. También la productividad que creció a una tasa anual del 2.5 por ciento en los últimos seis años, tendría que crecer 6 por ciento en los próximos veinte.

De nuevo, esto no es tarea fácil, pero podemos lograr esta meta de crecimiento si los nicaragüenses nos ponemos de acuerdo en una Agenda de Desarrollo que mejore el clima de inversión del país y fomente la productividad. Como ha venido señalando Funides, esta Agenda debería incluir políticas que mejoren, entre otras: 1) nuestra institucionalidad y el estado de derecho, 2) la educación pública básica, 3) la infraestructura, 4) el acceso al crédito; y 5) doten a los más pobres de los activos que les permitan ser más productivos.

Estos son algunos de los requisitos para lograr la Nicaragua más próspera y justa que todos queremos.

El autor es economista y Director Ejecutivo de Funides.

Artículo publicado en:

http://www.elnuevodiario.com.ni/economia/259661-hacia-nicaragua-mas-prospera-justa

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