Tenemos que cambiar ante el cambio climático (primera parte)

El crecimiento de Nicaragua en base a los recursos y la responsabilidad social empresarial (RSE) ambiental

Son varios los estudios de nuestra historia que han resaltado el hecho de que el crecimiento de Nicaragua ha sido en base a la extracción de nuestros recursos naturales. Las ricas tierras, bosques, minerales, lluvias y aguas superficiales han servido de base para que el país haya podido proveer alimentos y materias primas para sus habitantes y para exportar.  La relativa abundancia de nuestras tierras nos ha llevado a expandirnos hacia el Este, tumbando bosques y sembrando, y luego, al agotarse el suelo, a introducir ganado. Este ciclo, repetido por décadas y en miles de kilómetros cuadrados, se ha agotado, y hoy tenemos recursos severamente degradados. La diferencia de hoy con ese pasado de expansión es que el clima nos está cobrando el deterioro infringido y vamos a tener que adaptarnos a estas nuevas y más difíciles condiciones.

Ante esta realidad basada en la extracción no sostenible de recursos, se contraponen las acciones de responsabilidad social empresarial (RSE) que ya se están empezando a ver en el país. La RSE fomentando alianzas para la adaptación al cambio climático debe entenderse como una práctica voluntaria, más allá de las exigencias legales y caracterizada por la excelencia en la búsqueda del avance social y ambiental, requisitos básicos para un desarrollo económico sostenible. 

El cambio climático es un hecho inequívoco, por ende en esta ocasión daré a conocer algunas cifras sobre cómo se ha venido expresado el cambio climático en Nicaragua. Para adaptarnos al cambio es de suma importancia conocer primero a qué nos estamos enfrentando, cómo va cambiando nuestro entorno ambiental y luego desarrollar conjuntamente acciones entre el sector público y privado que conlleven a enfrentar la actual problemática del cambio climático.

Un estudio realizado por el CIAT e INETER con el auspicio del PNUD utilizó la información diaria entre 1970 y el 2008 de 137 estaciones pluviométricas y 18 de temperatura en todo el país para monitorear cambios en los patrones climáticos. Los resultados son más que contundentes. Dado que las temperaturas mínimas se incrementaron 0.13 grados por década, mientras que las máximas 0.4 grados, coincidiendo estos datos con las proyecciones internacionales que estiman un incremento de 3 grados para el final del presente siglo. Además, los días secos han aumentado de 40 a 64 en las zonas secas y de 13 a 43 en las zonas húmedas y cuando llueve, lo hace ahora con más intensidad que en el pasado: en 1970 la precipitación promedio era de 8 milímetros por hora, en el 2003, de 24 milímetros por hora. Lo anterior tiene serias repercusiones en nuestro sistema productivo agropecuario, porque incrementa el estrés hídrico de las plantas y los animales, afectando su rendimiento y productividad.

Cambio_climatico

El cambio climático se expresa claramente con las incidencias del fenómeno del Niño.  Mientras en la década de los sesenta se experimentaron 2 Niños, entre el 2001 y el 2010 se produjeron 4 Niños. Los impactos económicos del Niño son considerables. Entre 1990 y el 2013, período que vivimos 7 Niños, la diferencia en la tasa de crecimiento de la economía es de casi dos puntos porcentuales, de 4% en los años sin Niño versus 2.1% en los años Niño. 

El CIAT también analizó el cambio de temperatura entre 1983 y el año 2000, definiendo  un círculo de 50 kilómetros a la redonda de cada una de las 18 estaciones en diferentes puntos del país, documentando así el proceso de deforestación en ese círculo durante los 17 años. La información de la deforestación ocurrida en ese círculo durante el período se asoció con el cambio de temperatura y los resultados son sumamente interesantes: En las zonas donde se produjo un alto nivel de deforestación se registraron mayores temperaturas que en aquellas zonas con menor deforestación. Estos resultados, vistos de manera inversa, nos revelan que la reforestación podría paliar el efecto del cambio de las temperaturas y por lo tanto amortiguar en parte el efecto global del fenómeno.

Para entender a nivel micro el impacto del cambio climático en la agricultura y la complejidad de los problemas que se nos avecinan, es importante recordar que el cambio se expresa en temperaturas y precipitaciones. Tenemos cultivos que son más resistentes al cambio de la temperatura, como el maíz versus el café, por ejemplo, y debido a que las temperaturas irán incrementándose en las zonas más altas, las condiciones óptimas para el café irán desapareciendo. Diversos estudios calculan que para el 2050, un 70% de las zonas actuales de café no presentarán las condiciones de temperatura y precipitaciones óptimas.

No debemos pensar que el cambio climático afecta únicamente a la producción agropecuaria. La reciente tragedia en el barrio 18 de Mayo fue producto de la desafortunada combinación del crecimiento urbano desordenado, técnicas deficientes de construcción y una excesiva e intensa lluvia.

El cambio climático también está afectando la salud humana al favorecer de manera indirecta las condiciones de reproducción de vectores como los mosquitos o roedores o bien de manera directa, las enfermedades cardiovasculares y las que se transmiten por el agua y el aire, como las diarreas o las enfermedades respiratorias. La calidad de vida y existencia de los sistemas marinos, especialmente las ricas áreas del Caribe nicaragüense, también serán afectadas por el cambio climático, lo que alteraría la forma de vida de miles de nicaragüenses que actualmente dependen del mar como forma de sustento.

En FUNIDES consideramos necesario desarrollar líneas de acción coordinadas entre el sector privado y el sector público para atender el problema de manera integrada. En el siguiente artículo propondremos algunos elementos que el país debe asumir para adaptarnos al cambio climático y continuar acelerando nuestro crecimiento económico y social, a fin de garantizar el bienestar de toda la población.  

Juan Sebastián Chamorro, Director Ejecutivo de FUNIDES

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